Adralumne era un gran mundo, lleno por gran variedad de seres, desde demonios, ángeles hasta vampiros y semi-animales; se podrÃa encontrar de todo. Era controlado por los grandes reyes demonÃacos, que comandaban grandes legiones y eran justos, mas sin embargo, con los desertores y seres problemáticos, tenÃan todo poder de darles juicio o encerrarles. Fue asÃ, como se dio la orden de arrestar a cierto demonio, conocido por causar grandes estragos, masacres y ser un prófugo.
Se encontraba en las afueras de una de las principales ciudades, a la espera de que viniese algo con que divertirse. La presencia demonÃaca se adentro as a las calles principales las cuales se encontraban as que transitadas y con grandes faroles que las iluminaban pues era de noche. Camino despreocupada hacia uno de los puestos comerciales, a comprar no mas que unos caramelos. No le importaba incluso adentrarse en la cueva del lobo. Termino sus grandes compras y salio caminando sin algún rumbo, llevando sobre su boca una paleta; muy rica.
Mientras las armadas de distintas ciudades llegaban a la capital central, llamaban la atencion de todos. La demonio se acercaba a la capital principal parecÃa traer algunos asuntos de urgencia. Su vestimenta le cubrÃa casi por completo el cuerpo, mientras que su cabeza iba al total descubierto dejando ver aquellos enroscados cuernos. Uno de las armadas una noble de rango alto pasaba por la multitud se fijo desde lejos a la demonio algo familiar pero no le puso mucha importancia y siguió directo al castillo.
El demonio no le importaba aquellas miradas, realmente, no le importaba nada mas que ella misma. Y mas, por no poseer algún recuerdo de su vida pasada. Al seguir su camino, se encontró con la armada real. -¿Que demonios?- Hablo entre ella misma. Mientras la noble la ve nuevamente de reojo a la demonio, - Mmm ¿quien es ella me es familiar?-, dice dentro de sus pensamientos y de repente para, se va directamente hacia aquel demonio y le pregunta. -¿Eres una forastera?- se le queda viéndola fijamente ya que se parece demasiado a una persona muy importante para ella. Le dirigió una indiferente mirada.-¿Te conozco?-. Sonrió de lado, con la intención de pasar a través de ese ser. -Un demonio siendo de la armada, que interesante.- Dijo con gran sarcasmo. Hmph... pensé que eras mi...-dijo mientras murmuraba, y se voltea y sigue su camino al castillo para reportar al rey de los raros incidentes que esta ocurriendo a su alrededor, mientras caminaba directo al castillo. -se ve tan idéntica...- lo dijo mientras pensaba. Espero a que se fuera, sin decirle nada y siguió su camino. Se le veÃa que pasarÃa una noche en la taberna popular de Satz, pues un descanso no estarÃa nada mal. -Quiero el cuarto mas retiro- Dijo al jefe de la taberna, quien acepto entregándole las llaves de la habitación.
Las armadas llegaron a su destino y en el comité de las armadas querÃan una audiencia con el rey que se iba a tener la reunión hasta al dÃa siguiente, mientras tanto la noble demonio armada va al cuarto asignado a descansar. La demonio que estaba en la taberna se quedo observando la luna un rato a través de la ventana, hasta quedar profundamente dormida. Asà paso la noche, y al amanecer aun seguÃa en mas que su quinto sueño. Al amanecer las armadas se iban a la reunión con el rey.
Paso rato para que siquiera abriese los ojos, aquellas orbes de un ámbar sutil, y la vez penetrantes. Se levanto y mucho menos sin pagar, salio de la taberna por la ventana llevándose las llaves. Tenia como objetivo ir al castillo del rey. Mientras que en la audiencia con el rey se habÃa finalizado en eso todos las armadas de los otros ciudades se retiraban, la noble demonio armada se quedo a solas con el rey. La demonio que estaba camino al castillo, era especial en crear estragos, grandes calamidades y no dudo en entrar por la fuerza por la puerta principal. -Quiero que me lleven con el rey-. Dijo entre risas, mientras arrastraba del cabello a una de sus victimas por espadas. En eso la noble armada que estaba hablando con el rey unos asuntos personales, oye gritos de los soldados diciendo -¡Un intruso!-. La demonio utilizaba dos finas y largas espadas, disfrutaba haciendo trozos a sus enemigos. En cuando la noble oyó esos gritos, sale corriendo mientras quitaba su casco, cerrando los ojos y agitando la cabeza para que saliera su bello cabellera blanca como la nieve y luego abriendo sus ojos rojizos como la sangre cristalino, llego parido a la puerta principal donde estaba la intrusa.

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